martes, 27 de abril de 2010
sábado, 10 de abril de 2010
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miércoles, 27 de enero de 2010
Soledades colectivas y tragedias burguesas
Paolo Giordano nació ganando 5 a 0. No sólo es un churro mitad modelo de Hugo Boss mitad cantante delicia de grupo de rock, sino que además a sus 26 años tiene una beca para ser doctor en Física en una universidad italiana y le dio por publicar una novela que por casualidad se convirtió en el libro favorito de Italia, vendió más de un millón de ejemplares y se ganó el premio Strega.
sábado, 16 de enero de 2010
Fragmentos, cartas no enviadas
martes, 8 de diciembre de 2009
Primero estaba el mar...
38.
"No sabe dónde está ni cuando fue su muerte. Él está muerto. No oye la brisa rozar las ramas de los árboles, ni al mar respirar al lado suyo; no siente a los pescadores pasar frente a su tumba, dejando la huella de sus pies descalzos en la arena y un olor a tabaco en el aire. El tiempo que había antes de nacer se ha unido al tiempo infinito que sobrevino con su muerte y ha formado un solo ser, sin arribas ni abajos, antes o después. No sabe quien posee ahora su tierra. ¡Y tanto que llego a quererla! ¿Existió? ¿Existirá la vereda alguna vez? Él no lo sabe; la extraña flor de su cerebro se ha secado y para él ya no existe la memoria. Se ha perdido para siempre en la gran cosa que está ahí y ha estado desde siempre, ser absolutamente remoto y presente, ser que es sólo agua aunque sepa florecer en amor, horror, inteligencia y deseo; agua que florece en belleza, sangre y compasión por más que permanezca siempre agua.
(…) Pero él ya no lo sabe. No puede oír el ruido de la arena que en desordenado reloj remueven los cangrejos a través y a los alrededores de su tumba. No puede oír el ruido del agua, desordenada también en su infinita mensuración de sal y espuma, cuando viene con la marea y se lleva de nuevo para el mar las arenas que su cuerpo va formando. Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No habìa sol, ni luna, ni animales, ni plantas. El mar estaba en todas partes. El mar era la madre. La madre no era gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella era el espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria."
Tomás González, Primero estaba el mar.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Los hombres y los perros (Correspondencia I)

martes, 10 de noviembre de 2009
workplace (homenaje a los twits de javier y al blog de olavia)
sábado, 7 de noviembre de 2009
No hay nada nuevo bajo el sol

(publicado en alguna revista Arcadia que anda por ahí)
Sentencia que pareciera encerrar una profecía, si se compara la Bogotá en la que vive Escobar en 1970, a la Bogotá de mediados de los ochenta y la Bogotá de ahora. Quitando las distintas variaciones en el transporte público (habría que pensar en los paraderos de la Caracas entonces y en TransMilenio ahora) y los nuevos adoquines, la ciudad es la misma: los mismos bares, los mismos burdeles, el mismo trancón, la misma lluvia, la misma inseguridad y el mismo hastío.
Así, mientras Escobar pasa días enteros pensando cómo escribir el gran poema bogotano, Caballero construye un relato a partir de la caricaturización de los personajes insignes de la sociedad capitalina: estudiantes marxistas que recitan El capital de memoria pero que desconocen su país, señoras arribistas, jovencitas hermosas insatisfechas sexualmente, poetas de medio pelo que pontifican en bares de mala muerte. Personajes que desfilan por "La bogoteida"-desafortunado intento de poema de Escobar-, que le sirven a Caballero para crear modelos prototípicos del provincialismo bogotano y que hoy en día siguen transitando sus calles. Las cosas se siguen pareciendo a las cosas.
Y aunque Sin remedio no ha generado el culto que otras novelas urbanas como Opio en las nubes en mi generación (eso lo puso marianne, lo de mi generación) es innegable que la manera en la que está escrita, su uso minucioso del lenguaje y sus imágenes precisas (los olores densos de las discotecas, la grasa fría de la comida rápida) hacen que esta historia sobre el tedio se siga manteniendo vigente. Siempre, con la certeza de que "en Bogotá no pasa ná, mala ciudá, mala ciudá".
miércoles, 22 de abril de 2009
Corazón de heroína

I see your eyes look like two marbles in your head, pero no tengo una guitarra, ni un piano, ni la voz de Pete, no puedo susurrar. Sólo puedo escuchar. Sólo puedo consumirme en el sopor y agradecerle a Pete por ser tan dulce (extraño, nunca lo hubiera creído) y por hacer hermosas canciones de amor en las que uno solo quiere dejarse caer. New love grows on trees, termina. Más métalica, más de estaño. No es dulce, es plateada y Pete grita y pide que lo maten.
Un amigo me dijo que los ingleses encontraban en la música el mejor vehículo para expresar lo que tienen dentro. Eso es Grace/Wastelands, la expresión de lo íntimo llevada a la música de la manera más sincera y más sencilla. Desgarra algo, cambia algo y se convierte en el disco más hermoso que he escuchado en lo que va del año.
lunes, 23 de marzo de 2009
Sobre la melancolía
Morrissey es poderoso. No sólo por su voz potente, de autoparlante, o por el torrente gigante y melodioso en el que nos embarca con sus canciones. Cada cosa que ha hecho desde The Smiths hasta su último disco Years of refusal está lleno de voltaje, de electricidad, de voz saliendo desde el fondo de los pulmones, luchando por encontrar la salida en el pecho y finalmente reventando en los oídos de cualquiera que lo quiera escuchar.
En Years of refusal encontramos canciones melancólicas, de desamor, de alguien triste que no encuentra a su amada y que quiere abrazar a París para ver si así encuentra alguien que lo abrace de vuelta, o de alguien que habla con Carol quien le dice que nunca lo quiso realmente y que siempre fingió sonrisas, o de alguien que al final sólo puede decir con algo de resignación: Im OK by myself.
Lo que pasa con Morrissey, creo yo, es que su voz es tan increíble que arrastra las letras de tristeza y las convierte en algo tan poderoso como un río, o mejor, como un accidente de carro (como para hacer el guiño a There’s a light that never goes out) . No es melancolía a medias. Es melancolía poderosa, de esas de sacarse el corazón del pecho y llenarse de sangre y pintarse la cara y llorar y hacer pataleta y romper vidrios con palos de hockey y luego, de manera resignada, tomar aire, dar media vuelta y pensar que no es tan grave.
Sobre el río
En una sala se proyecta un video en el cual se ve la matanza de un cerdo que será el plato principal de una reunión familiar. En otra se proyectan los corredores del panóptico del Museo Nacional y se escuchan las voces de unos presos que, de manera fragmentada, cuentan sus historias familiares. Más adelante un video muestra una desesperada mano dibujando una casa, primero sobre el papel y luego sobre el lodo. En la sala principal se encuentra el río. Seis pantallas gigantes proyectan de lado a lado el movimiento de la corriente del río Cauca.
Las cuatro muestras de video hacen parte de la exposición Actos de habla de la artista Clemencia Echeverri, que se inauguró el 10 de marzo en el Museo de Arte de la Universidad Nacional y que estará abierta al público hasta el 8 de mayo. Para María Belén Sáez, la curadora de la muestra, estas obras se preguntan sobre cómo el lenguaje transforma las experiencias individuales y se convierte en una herramienta para comprenderlas. Es así como en la exposición se escuchan gritos, voces y murmullos que señalan la impotencia que siente la artista frente a la violencia que produce el conflicto en Colombia.Echeverri, quien cambió la escultura y la pintura por el video y el sonido, dice que estos lenguajes le permiten documentar experiencias directas. Una de estas experiencias fue la visita a las cárceles de Pentonville, en Inglaterra, y el Buen Pastor, en Bogotá, donde pudo entrevistarse con presos que le contaron las historias con las cuales hizo Voz/net, obra que se mostró por primera vez en el Museo Nacional de Colombia en 2006. Para la artista, "la experiencia marca. Puede ser una marca desde lo desagradable o lo agradable. Yo creo que estamos escindidos, fragmentados por muchas experiencias que son ejes que denotan y que mencionan lo que somos. Es ahí cuando el arte elabora lo que ha quedado por decir y los vacíos que posiblemente un ser humano tiene".
Una de las constantes de su obra es hablar desde la experiencia del conflicto. Para Echeverri la guerra ha silenciado y opacado elementos de la realidad colombiana, frente a los que nadie se sienta a reflexionar. Treno, su pieza más reconocida, que hace parte de la colección Daros en Suiza, busca ampliar la imagen y el sonido del río Cauca, lugar con la doble connotación de vida y muerte al haber sido un medio de comunicación fluvial importante para el país que ahora es el lugar en donde se arrojan los cadáveres de la violencia. Para Echeverri: "El río en 'Treno' es como la metáfora de dos orillas. Estamos en un lugar y nos es muy difícil llegar al otro. En este país me he sentido en muchos momentos en lugares de impotencia y de no respuesta. En esta obra puedo mediar el poder que tiene el río en su caudal y extrapolarlo para que enuncie lo que está sucediendo dentro de nuestra historia política".
Es la voluntad de enunciar, reclamar y señalar lo que pasa inadvertido, la que se pone de manifiesto en estos Actos de habla: "El artista le pone un freno a lo vertiginoso, a lo que se descarta como noticia, a lo que aparentemente está sucediendo. El arte reúne memoria, reconstruye el presente y puede llegar a anticipar, si es capaz, si su lenguaje es lo suficientemente poderoso". En el caso de Echeverri, es su voz que desde el dolor quiere transformar su experiencia en arte. Señalar a otras voces y ponerlas en altavoz para que el río no se las lleve corriente abajo.
domingo, 15 de marzo de 2009
Sobre el nuevo disco de Lily Allen, Its not me its you

Sobre los cerezos
Au Revoir Simone se llena de ruidos chiquiticos, sutiles, casi imperceptibles. Pasos en la nieve, pájaros por la mañana, aleteos de insectos. Su primer disco no podría tener un mejor nombre: Verses of confort, assurance and salvation (2006) es eso, versos maravillosos que susurran sobre la vida, el amor y el let it be. Canciones tranquilas para bonitos fines de semana, (Baby tell me please is this a dream spending the night with you beneath the cherry tres just make a wish and everything comes true). Canciones para cantar suavecito, al oído, debajo de cerezos o en el pasto. Na na na, na na na. Como si la vida se tratara de un comercial de perfumes, lleno de gente caminando descalza por el bosque. Comfort, salvación, descanso. Pequeños sonidos que se tararean. Was it just a breeze, was it a kiss, breathless exquisite chills.
domingo, 22 de febrero de 2009
En tu aniversario
Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.
Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.
He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?
No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)
Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)
He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.
He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.
Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.
Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.
El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.
Fernando Pessoa.
(Para Jorgito en su cumpleaños, quien me mostrò a Pessoa y quien se dedicò a Pessoar tanto que ahora se encuentra visitando a esa tabaquerìa del otro lado de la calle. Apuesto que odiaras la traducciòn love, o que encontraràs problemas con ella pero igual...es un pequeño y humilde homenaje)
domingo, 8 de febrero de 2009
Musica para confundidos

martes, 3 de febrero de 2009
Una vez tuve una chica, o deberia decir, ella me tuvo a mi...(revistando Tokio Blues)

miércoles, 7 de enero de 2009
sobre libros que he regalado
A R. le regalé casi toda mi biblioteca adolescente. Desde La nausea, porque yo pensaba que tanto él como Roquetin, y como las bestias salvajes, encontraban verdadero sosiego y calma con la música, hasta el primer volumen de los cuentos de Cortázar, aunque más bien fue un préstamo sin carácter devolutivo. A él le regalé Rayuela comentada. La idea era que yo leía la novela y en cada página ponía una nota, un recuerdo, cualquier cosa cursi, para que cuando él la leyera sintiera que yo lo estaba acompañando en su lectura. Por supuesto, R. nunca leyó mi Rayuela comentada.
2.
A C. le regalé Tokio Blues(Norwegian Wood). En una de nuestras conversaciones él me contó que le gustaba mucho los Beatles, porque tenía buenos recuerdos ambientados por su música. Claramente, esa cofnesión hizo crecer el imaginario que tenía sobre él y lo imaginaba escuchando a Los Beatles y teniendo conversaciones vagabundas con extraños, tan vagabundas como las que solíamos tener él y yo. El día que terminé de leer Tokio Blues me puse a llorar. Me sentía infinitamente desgraciada. Me sentía como esos japoneses suicidas y tarados sobre los que escribe Murakami. El día que le dí el libro, jugamos a leer pasajes cualquiera. Me acuerdo que yo le leí a C. algo sobre las luciérnagas. El dijo que el libro era como una luciérnaga. Luego mi historia con C. se volvió terriblemente enfermiza, pues yo seguía, de manera obstinada, confundiendo al C. de mi cabeza con el C. de la realidad, y nunca supe cual era más vagabundo y cual me hacía más daño. El único día que fui a la casa de C. le pregunté por el libro y lo sacó de algún lugar recóndito. El libro estaba escondido, me imagino, para que su novia no se diera que cuenta que había otra tarada que le regalaba libros de japoneses suicidas.
3.
El primer día que sentí que algo estaba muy mal en mi relación con A. le armé un escándalo. Al otro día le regalé Rayuela. Es el único libro que me arrepiento de haber regalado.
4.
Estoy pensando regalar ¡Qué viva la música! Tal vez es porque acabo de llegar de Cali y mi abuela vive arriba del Dary frost y mi papá y mi tio me llenaron de historias caicedianas como el mayordomo tatareto de la finca, que no podía hablar bien porque se le había aparecido el diablo según él decía o como la fiesta a la que fueron a la casa de La Mona, que se tuvo que acabar antes de lo previsto porque bajó la mamá de la dueña de la casa a decirles "muchachos se murió La Mona" y todos subieron a ver que había pasado y allí estaba La Mona colgando del techo. Salsa, droga y rockanrol. Buena combinación. Bonita manera de mostrarle a alguien que no conoce Cali, como es la ciudad que huele a caña, tabaco y brea. Ahora vamos a ver si tengo el valor de regalar el libro.
domingo, 21 de diciembre de 2008
Acerca de la obra de Vanessa Beecroft (de manera no lineal)

También se utiliza la palabra para describir el fenómeno por el cual una persona puede ver su propia imagen por el rabillo del ojo.
Los Doppelgänger aparecen en varias obras literarias de ciencia ficción y fantasía, en las cuales son un tipo de metamorfo que imita a una persona o especie en particular por alguna razón, generalmente nefasta.[1]
“Hooters para intelectuales”
“John Cage con material subjetivo”
“Fascista e incorrecto”
(…)Show presenta veinte mujeres altas y esbeltas que se paran sobre una estructura circular mirando hacia una misma dirección. (…) Estas mujeres logran crear el efecto de maniquís vivientes. El vestuario es diseñado por Tom Ford de Gucci.[2]
Primeras impresiones sobre la obra de Vanessa Beecroft:
Busca hacer cuadros vivientes (algunos se refieren a “las pinturas vivas de Beecroft”) y efímeros. (Pensar el performance como un acto fugaz).
Mujeres que expresan un arquetipo de belleza similar.
Selección nada casual: las modelos deben someterse a un cuestionario que elabora la artista con el fin de establecer criterios de identificación con ella.
Pequeño ejército femenino.
Relación modelos-público / interacción modelos con sí mismas.
Imágenes frías y artificiosas.[3]
ESPACIO PARA FOTO
USE OF REAL TIME REAL SPACE REAL FLESH
Por favor responda cada pregunta de manera clara, breve y sincera.
1. ¿Duerme usted con medias?
2. En momentos de melancolía extrema, ¿consideraría usted el montar en transporte público durante varias horas como una terapia válida?
3. ¿Piensa usted que no existe otro dios que Woody Allen?
4. ¿Teme verbalizar la mayoría de sus sentimientos porque piensa que las emociones, al ser convertidas en palabras, toman una materialidad contundente que le causa pavor?
5. ¿Tiene usted pesadillas recurrentes en donde la encierran viva?
6. ¿Le resulta imposible caminar en tacones?
7. ¿Piensa que el peor escenario posible es el baño de un avión porque conjuga su miedo a las alturas y su temor a los lugares encerrados?
8. ¿Tiene hiperflexibilidad en los codos y en las falanges de la mano izquierda?
Si respondió 6 o más respuestas de manera afirmativa, por favor de un paso al frente. Necesito entrevistarme con usted. Cumple algunos requisitos para ser mi otro, mi doppelganger.
(Documento 2)
Narra la extraña experiencia que sufrió Myû catorce años atrás. Myû queda atrapada toda la noche dentro de una noria en un parque de atracciones de una pequeña ciudad suiza y, desde allá, con unos anteojos, ve a su segundo yo que está dentro de su habitación. Una Doppelganger. La experiencia aniquila a Myû como ser humano (o pone de manifiesto su destrucción). Utilizando sus propias palabras: está dividida en dos y un espejo se interpone entre ambas mitades.[4]
La cosa es así. Vamos Nathalia y yo en un taxi. Ella comienza a hablar sobre el humanismo judío:
- Leí que ellos pensaban que la apropiación de la alteridad era imposible. Porque siempre llegamos tarde al encuentro con el otro. Siempre llegamos en una temporalidad diferente, en la cual el otro se impone como un rostro absolutamente e infinitamente distinto.
Yo comienzo a pensar en la obra de Vanessa Beecroft. En la manera en la que ella busca encontrar a su otro perfecto; aquel otro que comprende sus obsesiones, sus delirios, sus miedos. ¿Sabrá ella del humanismo judío? ¿Sabrá ella de la imposibilidad de encontrarse con el otro? Le comento a Nathalia todo esto.
- Eso me acuerda de un texto muy famoso de Benjamin que se llama “La obra de arte en la época de su reproductivilidad técnica”. Allí expone la idea de que la revolución industrial no sólo modifico la vida de las personas en el sentido de incorporar nuevas cosas y rutinas de vida, sino que también modificó para siempre la concepción que se tenía del arte. Este dejó de ser visto como una pieza única producida por un artista y se convirtió en un objeto de mercancía y consumo al que todos podían acceder por unos centavos. Yo creo que en el arte contemporáneo las cosas cambian. Pero no ya porque la obra de arte se reproduzca técnicamente, sino porque -con la incorporación del performance- la obra vuelve a tener esa unicidad intangible del arte: se produce en un tiempo y espacio instantáneos y únicos, y su carácter se vuelve irrepetible
[1] http://www.wikipedia.org/
[2] Información sacada de “The critic’s notebook: Standing and staring, yet aiming for empowerment” artículo escrito por Roberta Smith para The New York Times. El artículo reseñaba Show la primera vez que se presentó en el New York Museum.
[3] Notas encontradas en el cuaderno de apuntes de Gloria Susana Esquivel.
[4] Fragmento de Sputnik, Mi amor (2002) del escritor japonés Haruki Murakami
jueves, 30 de octubre de 2008
Sobre los bizarros conciertos que cobijan bandas dísimiles


1. The Mars Volta experience
Comencemos por el principio. Nunca me imaginé ver a The Mars Volta en vivo en Bogotá. Ni siquiera mientras esperaba en el Coliseo a que empezara el concierto había interiorizado que estaba a pocos segundos de escuchar a Mars Volta. Tal vez esa falta de conciencia se debía a que, finalmente, no sabía que esperar de escuchar a los Mars Volta. Antes de entrar al concierto con Daniel hablamos de disonancia, de lo pesado, del ruido. En el momento del concierto, cuando el caos comenzó a desatarse en el escenario, sólo podía pensar que el ruido efectivamente tendría que verse así. Y no hablo de ruido oscuro ininteligible, ese creo que se debe a la mala acústica del Coliseo, sino de el estruendo de guitarra y batería que en una sincronía desincronizada estallaban, reventaban, toteaban frente a todos.
Era como si las elásticas maniobras de Cedric Zavala reflejaran esactamente lo que estaba sonando. Rompía un tambor (importantisimo anotar en esta parte del relato que Dani y yo después comentamos que nunca en la vida pensamos que veríamos en vivo el destrozo de un instrumento al estilo grunge nirvanesco) y cada golpe era espejo de la música que se acontecía a su alrededor. Caos dentro de la sincronía. Contorsiones y maromas, no sólo del front man, sino tambien de las notas que se escapaban.
2. The R.E.M experience
Comencemos por el final. Lo único que podía pensar al salir del Coliseo El Campin era que estaba enamorada profundamente de Michael Stipe y que maldecía su gusto por los hombres. El "calvete papi", como decidió bautizarlo Dani, resultó ser el hombrecito más simpático, imponente e increíble del planeta. Creo que puedo decirlo atrevidamente, pero en mi inexperiencia concertil nunca había visto a un mejor front man. Su manera de bailar, de cantar, de hablar con el público... nos envolvió a todos y nos obligó a cantar, a bailar y hasta a ser partícipes de una improvisada encuesta. Sé que Stipe no es R.E.M, y pudo sonar reiterativa...pero ver a ese hombre de traje y corbata bailar de la manera más geeky posible con la mayor de las clases fue increíble.
Ya habiendo depurado ese demonio grupie que siempre me asalta, puedo pasar a otras impresiones de la noche.
Creo que lo primero que hay que decir sobre R.E.M es que la experiencia no se improvisa. Fue un espectáculo preciso, con buenas luces, buenas proyecciones y no tan buen sonido (de nuevo, problemas de la acústica del lugar). Otra cosa que me pareció interesante fue ver el público del concierto. Abarcaba un gran rango de edad, desde los 40 hasta los 15, y todos se despelucaron con losing my religion, todos berrearon everybody hurts y todos corearon the one I love...bonito.
Para mí la voz de Michael Stipe tiene algo de metálico (no es una voz virtuosa del metal...no confundir de por dios) sino que pienso en ella y pienso en estaño, en un hombre de hojalata, en un día gris. Tiene algo de desgarramiento y de protesta; de nostalgia que se potencia a través de un megáfono, de imágenes extrañas y letras complicadas escritas a modo de retahíla.
"Like a koi in a frozen pond
Like a goldfish in a bowl
I dont want to hear you cry"
(Tenaz que a estas alturas del partido todavía ande gritando en estadios frases del tipo "choosing my confessions" o "consider this the hint of the century"..."I've said too much, I hadn't said it all")
Encontré estas fotos en el flickr de un contacto: http://www.flickr.com/photos/karim_/2986969878/
Mil y mil gracias a Dani boy por acompañarme y alentarme a ir al evento.
miércoles, 1 de octubre de 2008
Sobre la juventud de ahora
