domingo, 22 de febrero de 2009

En tu aniversario

A continuaciòn uno de mis poemas favoritos del mundo:


Tabaquería

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.

Fernando Pessoa.

(Para Jorgito en su cumpleaños, quien me mostrò a Pessoa y quien se dedicò a Pessoar tanto que ahora se encuentra visitando a esa tabaquerìa del otro lado de la calle. Apuesto que odiaras la traducciòn love, o que encontraràs problemas con ella pero igual...es un pequeño y humilde homenaje)

domingo, 8 de febrero de 2009

Musica para confundidos






Curioseando IMBD me encontré que Wes Anderson tomó de Peter and the wolf, la idea de que cada personaje en su película The Royal Tenenbaums tuviera un instrumento característico cada vez que salía en escena. Pues el señor Anderson logró ese efecto conmigo pues ahora no puedo disociar las canciones de la banda sonora con las escenas y los personajes de la pelicula. Imposible no pensar en Royal y sus nietos colgando del carro de basura mientras suena Paul Simon, imposible no asociar el intento de suicido de Richie Tenembaum con Needle in the hay de Elliot Smith (y no pensar en su suicidio tambien), imposible no pensar en Richie y Margot en la tienda de acampar escuchando Rolling Stones...imposible no escuchar las canciones de Nico una y otra vez. Tal vez son ideas mias,pero me parece que las letras de las dos canciones de Nico son un poco Margot Tenembaum. Como deprimidas y confundidas y calladas. Por otro lado, puede que las canciones de Nico sean como la Biblia o el tarot, y estan llenas de generalidades y uno sienta que Nico lo canta...puede que si mi vida fuera una pelìcula dirigida por Wes Anderson cada vez que yo saldrìa sonarìa Nico en el fondo (y no digo que juege a ser Margot Tenembaum ni que me sienta como ella porque aparte de excedernos con el maquillaje negro en los ojos no tenemos nada mas en comùn...ella es màs depresiva, yo soy màs callada)
No sè, tal vez sean solo ideas mias pero ¿no resultan muy bonitas las letras de Nico?

No resulta muy bonito esto:

"And if I seem to be afraid To live the life that I have made in song"

o esto:

"Please don't confront me with my failures,I had not forgotten them."

o esto:

"And maybe finally split the rhyme And do I really understand the undernetting ?"

o esto:

"Now that I can Now that it's easy, ever easy all around.Now that I'm here Now that I'm falling to the sunlights and a song"


no se...a mi me resulta muy bonito...lucido...la voz de los confusos...que bonito escribe Nico...


(Me acorde de los Tenembaum porque los vi en cinemax y siempre quise mostrarle la pelìcula a Dario y se fue y nunca se la di y cumpliò años y ya es toda una señorita feliz cumpleaños cocosita crocantica!)

martes, 3 de febrero de 2009

Una vez tuve una chica, o deberia decir, ella me tuvo a mi...(revistando Tokio Blues)






(Me dio el blues por Tokio Blues hablando con Catalina,http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_blog.php?id_blog=3963399 quien comenzò a leerlo en su convalecencia)


1.

Recuerdo es la tenebrosa imagen de Naoko, colgada en el bosque. En mi cabeza el bosque estaba a oscuras. Era un bosque de bambus gigantescos y Naoko colgaba con un kimono rojo que se descolgaba. Estaba trepada en el árbol más grande.


2.

Al principio yo jugaba a ser Watanabe y tenìa mucho sentido porque él estudiaba literatura como yo, era tímido como yo, tenía problemas amorosos como yo, y tenía un amor imposible, como yo. Después jugué a ser Midori porque tenía un corte de pelo raro y se emborrachaba a horas no adecuadas y hacía reir a Watanabe. Cuando comencé a jugar a ser Midori, jugaba a que usted era Watanabe. Pensaba que era usted, no yo, él que tenía problemas emocionales y que si yo era Midori y usted era Watanabe, entonces, eventualmente, usted terminaría pensando en mi, como Watanabe pensaba en ella. Después jugue a que ella era Naoko y que por eso usted no me quería, porque tenía a una Naoko atravesada en la cabeza. Seguí jugando a ser la paciente Midori, segui jugando a ser la ingenua yo, y esa combinación de Midori-glo se convirtió en una máquina amorosa que lo llevaba a sitios raros (como el cafè ese en La Soledad o la tienducha en la que sonaba regguetón de Chapinero...se acuerda?) y que le daba regalos (como las boletas de teatro y las películas y la mùsica) y que procuraba su bienestar comprandole postres ricos y escribiendole cuentos de nuestros encuentros. Resultó al final que usted no era Watanabe, que la mujer fantasma no era Naoko y que yo no era tan encantadora como Midori (mucho menos tan paciente). Usted no pensaba en mi. La ùnica que tenìa atravesada a Naoko era yo.


3.

Midori me enseñó en un 50 % a ser responsable. (El otro 50% se lo debo a Nathan, que cuando trabajabamos juntos decìa que tocaba hacer lo que tocaba hacer). Midori odiaba a su colegio y llegaba temprano, tenìa el record de puntualidad. No quería que algo que detestaba tanto la venciera. Cuando le dieron como premio un diccionario de francès, entrò a la universidad y tomò clases de alemàn porque no quería deberle nada a nadie. (o tal vez era al revés, alemán vs. francés...no recuerdo). Todo lo que me da pereza, todo lo que me causa antipatía, todo lo que me harta lo tomo bajo la "Ley Midori". No voy a dejar que nada que detesto me venza. No voy a dejar que nada que detesto me venza. No voy a dejar que nada que detesto me venza.


4.

He leído Tokio Blues dos veces. La primera vez el libro era de Dani. La segunda vez compré el libro y lo regalé.


5.

En el momento en el que terminé de leer el libro me sentí un vacío profundo. Cerré el libro y comencé a llorar desesperadamente. Era la primera vez que lloraba en dos años. Es el primer libro que me ha hecho llorar.


6.

Catalina y yo pensamos que Tokio Blues es adolescente. Creemos que Sputnik, mi amor es una novela más adulto veinteañero.


7.

I once had a girl, or should I say, she once had me...She showed me her room, isn't it good, norwegian wood? She asked me to stay and she told me to sit anywhere, So I looked around and I noticed there wasn't a chair. I sat on a rug, biting my time, drinking her wine, We talked until two and then she said, "It's time for bed"She told me she worked in the morning and started to laugh.I told her I didn't and crawled off to sleep in the bath. And when I awoke, I was alone, this bird had flown. So I lit a fire, isn't it good, norwegian wood.


(A veces me gustaría que volviesemos a morder el tiempo y a hablar hasta las dos.)

miércoles, 7 de enero de 2009

sobre libros que he regalado

1.
A R. le regalé casi toda mi biblioteca adolescente. Desde La nausea, porque yo pensaba que tanto él como Roquetin, y como las bestias salvajes, encontraban verdadero sosiego y calma con la música, hasta el primer volumen de los cuentos de Cortázar, aunque más bien fue un préstamo sin carácter devolutivo. A él le regalé Rayuela comentada. La idea era que yo leía la novela y en cada página ponía una nota, un recuerdo, cualquier cosa cursi, para que cuando él la leyera sintiera que yo lo estaba acompañando en su lectura. Por supuesto, R. nunca leyó mi Rayuela comentada.

2.
A C. le regalé Tokio Blues(Norwegian Wood). En una de nuestras conversaciones él me contó que le gustaba mucho los Beatles, porque tenía buenos recuerdos ambientados por su música. Claramente, esa cofnesión hizo crecer el imaginario que tenía sobre él y lo imaginaba escuchando a Los Beatles y teniendo conversaciones vagabundas con extraños, tan vagabundas como las que solíamos tener él y yo. El día que terminé de leer Tokio Blues me puse a llorar. Me sentía infinitamente desgraciada. Me sentía como esos japoneses suicidas y tarados sobre los que escribe Murakami. El día que le dí el libro, jugamos a leer pasajes cualquiera. Me acuerdo que yo le leí a C. algo sobre las luciérnagas. El dijo que el libro era como una luciérnaga. Luego mi historia con C. se volvió terriblemente enfermiza, pues yo seguía, de manera obstinada, confundiendo al C. de mi cabeza con el C. de la realidad, y nunca supe cual era más vagabundo y cual me hacía más daño. El único día que fui a la casa de C. le pregunté por el libro y lo sacó de algún lugar recóndito. El libro estaba escondido, me imagino, para que su novia no se diera que cuenta que había otra tarada que le regalaba libros de japoneses suicidas.

3.
El primer día que sentí que algo estaba muy mal en mi relación con A. le armé un escándalo. Al otro día le regalé Rayuela. Es el único libro que me arrepiento de haber regalado.

4.
Estoy pensando regalar ¡Qué viva la música! Tal vez es porque acabo de llegar de Cali y mi abuela vive arriba del Dary frost y mi papá y mi tio me llenaron de historias caicedianas como el mayordomo tatareto de la finca, que no podía hablar bien porque se le había aparecido el diablo según él decía o como la fiesta a la que fueron a la casa de La Mona, que se tuvo que acabar antes de lo previsto porque bajó la mamá de la dueña de la casa a decirles "muchachos se murió La Mona" y todos subieron a ver que había pasado y allí estaba La Mona colgando del techo. Salsa, droga y rockanrol. Buena combinación. Bonita manera de mostrarle a alguien que no conoce Cali, como es la ciudad que huele a caña, tabaco y brea. Ahora vamos a ver si tengo el valor de regalar el libro.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Acerca de la obra de Vanessa Beecroft (de manera no lineal)





Doppelgänger es el vocablo alemán para el doble fantasmagórico de una persona viva. La palabra proviene de doppel, que significa "doble", y gänger, traducida como "andante". Su forma más antigua, acuñada por el novelista Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, 'el que camina al lado' (Molina Foix: 10-11). El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al "gemelo malvado" o al fenómeno de la bilocación.
También se utiliza la palabra para describir el fenómeno por el cual una persona puede ver su propia imagen por el rabillo del ojo.
Los Doppelgänger aparecen en varias obras literarias de ciencia ficción y fantasía, en las cuales son un tipo de metamorfo que imita a una persona o especie en particular por alguna razón, generalmente nefasta.[1]

“Hooters para intelectuales”
“John Cage con material subjetivo”
“Fascista e incorrecto”
(…)Show presenta veinte mujeres altas y esbeltas que se paran sobre una estructura circular mirando hacia una misma dirección. (…) Estas mujeres logran crear el efecto de maniquís vivientes. El vestuario es diseñado por Tom Ford de Gucci.[2]

Primeras impresiones sobre la obra de Vanessa Beecroft:
Busca hacer cuadros vivientes (algunos se refieren a “las pinturas vivas de Beecroft”) y efímeros. (Pensar el performance como un acto fugaz).
Mujeres que expresan un arquetipo de belleza similar.
Selección nada casual: las modelos deben someterse a un cuestionario que elabora la artista con el fin de establecer criterios de identificación con ella.
Pequeño ejército femenino.
Relación modelos-público / interacción modelos con sí mismas.
Imágenes frías y artificiosas.[3]

ESPACIO PARA FOTO

USE OF REAL TIME REAL SPACE REAL FLESH

Por favor responda cada pregunta de manera clara, breve y sincera.
1. ¿Duerme usted con medias?
2. En momentos de melancolía extrema, ¿consideraría usted el montar en transporte público durante varias horas como una terapia válida?
3. ¿Piensa usted que no existe otro dios que Woody Allen?
4. ¿Teme verbalizar la mayoría de sus sentimientos porque piensa que las emociones, al ser convertidas en palabras, toman una materialidad contundente que le causa pavor?
5. ¿Tiene usted pesadillas recurrentes en donde la encierran viva?
6. ¿Le resulta imposible caminar en tacones?
7. ¿Piensa que el peor escenario posible es el baño de un avión porque conjuga su miedo a las alturas y su temor a los lugares encerrados?
8. ¿Tiene hiperflexibilidad en los codos y en las falanges de la mano izquierda?
Si respondió 6 o más respuestas de manera afirmativa, por favor de un paso al frente. Necesito entrevistarme con usted. Cumple algunos requisitos para ser mi otro, mi doppelganger.

(Documento 2)

Narra la extraña experiencia que sufrió Myû catorce años atrás. Myû queda atrapada toda la noche dentro de una noria en un parque de atracciones de una pequeña ciudad suiza y, desde allá, con unos anteojos, ve a su segundo yo que está dentro de su habitación. Una Doppelganger. La experiencia aniquila a Myû como ser humano (o pone de manifiesto su destrucción). Utilizando sus propias palabras: está dividida en dos y un espejo se interpone entre ambas mitades.[4]

La cosa es así. Vamos Nathalia y yo en un taxi. Ella comienza a hablar sobre el humanismo judío:
- Leí que ellos pensaban que la apropiación de la alteridad era imposible. Porque siempre llegamos tarde al encuentro con el otro. Siempre llegamos en una temporalidad diferente, en la cual el otro se impone como un rostro absolutamente e infinitamente distinto.
Yo comienzo a pensar en la obra de Vanessa Beecroft. En la manera en la que ella busca encontrar a su otro perfecto; aquel otro que comprende sus obsesiones, sus delirios, sus miedos. ¿Sabrá ella del humanismo judío? ¿Sabrá ella de la imposibilidad de encontrarse con el otro? Le comento a Nathalia todo esto.
- Eso me acuerda de un texto muy famoso de Benjamin que se llama “La obra de arte en la época de su reproductivilidad técnica”. Allí expone la idea de que la revolución industrial no sólo modifico la vida de las personas en el sentido de incorporar nuevas cosas y rutinas de vida, sino que también modificó para siempre la concepción que se tenía del arte. Este dejó de ser visto como una pieza única producida por un artista y se convirtió en un objeto de mercancía y consumo al que todos podían acceder por unos centavos. Yo creo que en el arte contemporáneo las cosas cambian. Pero no ya porque la obra de arte se reproduzca técnicamente, sino porque -con la incorporación del performance- la obra vuelve a tener esa unicidad intangible del arte: se produce en un tiempo y espacio instantáneos y únicos, y su carácter se vuelve irrepetible

Y su carácter se vuelve irrepetible. Y su carácter se vuelve irrepetible. Y su carácter se vuelve irrepetible.


[1] http://www.wikipedia.org/

[2] Información sacada de “The critic’s notebook: Standing and staring, yet aiming for empowerment” artículo escrito por Roberta Smith para The New York Times. El artículo reseñaba Show la primera vez que se presentó en el New York Museum.
[3] Notas encontradas en el cuaderno de apuntes de Gloria Susana Esquivel.
[4] Fragmento de Sputnik, Mi amor (2002) del escritor japonés Haruki Murakami

jueves, 30 de octubre de 2008

Sobre los bizarros conciertos que cobijan bandas dísimiles














Debo admitir que fue extrañisimo escuchar que The Mars Volta y R.E.M venían juntitos a Bogotá, juntitos y revueltos. Pensé que aunque a mí me gustaran las dos bandas, ambas responden a públicos diferentes y en mi caso, a estados de ánimo diferente. Estado destructor: Mars Volta. Estado meláncolico: R.E.M...¿o era el contrario? estado destructor: R.E.M (destruir el mundo, que se acabe el mundo como lo conocemos y sentirnos bien) estado meláncolico: The Mars Volta (me acuerdo de madrugadas tristes escuchando Concertina en loop). De cualquier modo, ver a ambos grupos, en una misma fecha, bajo un mismo techo, a 2600mts más cerca de las estrellas me parecía, cuando menos, bizarro.



1. The Mars Volta experience


Comencemos por el principio. Nunca me imaginé ver a The Mars Volta en vivo en Bogotá. Ni siquiera mientras esperaba en el Coliseo a que empezara el concierto había interiorizado que estaba a pocos segundos de escuchar a Mars Volta. Tal vez esa falta de conciencia se debía a que, finalmente, no sabía que esperar de escuchar a los Mars Volta. Antes de entrar al concierto con Daniel hablamos de disonancia, de lo pesado, del ruido. En el momento del concierto, cuando el caos comenzó a desatarse en el escenario, sólo podía pensar que el ruido efectivamente tendría que verse así. Y no hablo de ruido oscuro ininteligible, ese creo que se debe a la mala acústica del Coliseo, sino de el estruendo de guitarra y batería que en una sincronía desincronizada estallaban, reventaban, toteaban frente a todos.

Era como si las elásticas maniobras de Cedric Zavala reflejaran esactamente lo que estaba sonando. Rompía un tambor (importantisimo anotar en esta parte del relato que Dani y yo después comentamos que nunca en la vida pensamos que veríamos en vivo el destrozo de un instrumento al estilo grunge nirvanesco) y cada golpe era espejo de la música que se acontecía a su alrededor. Caos dentro de la sincronía. Contorsiones y maromas, no sólo del front man, sino tambien de las notas que se escapaban.



2. The R.E.M experience



Comencemos por el final. Lo único que podía pensar al salir del Coliseo El Campin era que estaba enamorada profundamente de Michael Stipe y que maldecía su gusto por los hombres. El "calvete papi", como decidió bautizarlo Dani, resultó ser el hombrecito más simpático, imponente e increíble del planeta. Creo que puedo decirlo atrevidamente, pero en mi inexperiencia concertil nunca había visto a un mejor front man. Su manera de bailar, de cantar, de hablar con el público... nos envolvió a todos y nos obligó a cantar, a bailar y hasta a ser partícipes de una improvisada encuesta. Sé que Stipe no es R.E.M, y pudo sonar reiterativa...pero ver a ese hombre de traje y corbata bailar de la manera más geeky posible con la mayor de las clases fue increíble.



Ya habiendo depurado ese demonio grupie que siempre me asalta, puedo pasar a otras impresiones de la noche.



Creo que lo primero que hay que decir sobre R.E.M es que la experiencia no se improvisa. Fue un espectáculo preciso, con buenas luces, buenas proyecciones y no tan buen sonido (de nuevo, problemas de la acústica del lugar). Otra cosa que me pareció interesante fue ver el público del concierto. Abarcaba un gran rango de edad, desde los 40 hasta los 15, y todos se despelucaron con losing my religion, todos berrearon everybody hurts y todos corearon the one I love...bonito.

Para mí la voz de Michael Stipe tiene algo de metálico (no es una voz virtuosa del metal...no confundir de por dios) sino que pienso en ella y pienso en estaño, en un hombre de hojalata, en un día gris. Tiene algo de desgarramiento y de protesta; de nostalgia que se potencia a través de un megáfono, de imágenes extrañas y letras complicadas escritas a modo de retahíla.

"Like a koi in a frozen pond
Like a goldfish in a bowl
I dont want to hear you cry"

(Tenaz que a estas alturas del partido todavía ande gritando en estadios frases del tipo "choosing my confessions" o "consider this the hint of the century"..."I've said too much, I hadn't said it all")

Encontré estas fotos en el flickr de un contacto: http://www.flickr.com/photos/karim_/2986969878/

Mil y mil gracias a Dani boy por acompañarme y alentarme a ir al evento.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Sobre la juventud de ahora






Oracular Spectacular (2007), disco debut de MGMT, pareciera ser el título más apropiado para el fenómeno de esta banda. El oráculo espectacular, que contiene 11 cortes, está lleno de glam, de rock, de hipster-ismo, como si los skinny jeans y las chalinas blancas quisieran salir a cantar.


Resulta ser un oráculo -manifiesto porque en sus letras salta un grito dinámico de juventud, de sicodelia, de adrenalina, que se condensa en la letra de "Time to pretend": this is a decision to live fast and die young... now let's have some fun. Como diría Cerati, "Noches de longevidad"; pop sicodélico que revienta en la cabeza a las cuatro de la mañana,


Resultó ser espectacular, para la mayoría de críticos que en 2007 coronaron este álbum como lo último en guarachas y a MGMT como la banda revelación. Nada mal para un proyecto que parecería ser el nieto de Talking Heads (por esto de la propuesta artística de quienes hacen la música) o el primo fashion de The libertines, Kings of Leon o The Kooks (recordemos, la manera de vestir resulta fundamental para MGMT).


Hace poco leí un artículo en donde condenaban a los hipsters (especie de tribu urbana que viste con skinny jeans de colores, gafas oscuras con marco blanco, chaqueta de cuero, camisas gigantescas y leggings) de ser la condensación de la decadencia de la sociedad actual por ser una tribu urbana sin propuesta ni estética propia. Podria ser, pero no hay por qué afanarse. En algún lugar del mundo, en este momento un hipster borracho canta y baila vallenato pensando que nadie lo ve. En otro lugar, un tecno geek descubre los primeros segundos de una canción de MGMT y quiere bailar toda la noche.


Si el producto es bueno, y en este caso es bastante bastante bueno, dejemos que los pantalones de dril verde manzana y las gafas oscuras de marcos de colores tomen los micrófonos. En verdad salen cosas muy bonitas, como la canción 4th dimensional transition...por ejemplo.